Simon Boccanegra o la política oscura Representa esta creación verdiana uno de los puntos de inflexión más profundos de la madurez de Giuseppe Verdi, aún fascinada por los dramas del español Antonio García Gutiérrez. En él, Verdi encontró una sólida estructura de conflictos viscerales e identidades perdidas y una atmósfera sombría que encajaba perfectamente con su nueva búsqueda de realismo dramático, más denso y menos convencional; con una continuidad musical más fluida, alejada de las formas cerradas y centrada en el monólogo interior y la declamación dramática. El texto homónimo de García Gutiérrez se transformaría, en manos de Verdi y su colaborador Arrigo Boito, en un manifiesto político al que no dudarían en añadir alguna escena propia en la revisión que hicieran de la ópera en 1881 que no estaba en el original español, con el exclusivo fin de poner en verso y música la que era su propia idea política: el individuo ante el estado y la reconciliación en un orden nuevo de unión nacional. Àlex Ollé ve en Simon Boccanegra un espejo roto del presente: sociedades fracturadas, poder agotado, instituciones incapaces de reconciliarse. Su escenografía funciona como una Torre de Babel deliberada, donde el vestuario cruza el siglo XIV con la situación política de hoy, señal de que los conflictos cambian de forma, pero los símbolos del poder no. Sir Mark Elder dirige a uno de sus compositores predilectos. Se acercó tempranamente a Simon Boccanegra en su etapa en la ENO y también ...