Lohengrin, el misterio del cisne y la dureza de un cuchillo Richard Wagner transita ya desde el Romanticismo hacia un drama musical moderno de soledad e imposibilidad de la fe absoluta en esta obra de orquestación etérea que parece levitar sobre las brumas de un poderoso aunque sereno río que borra los perfiles de los números cerrados de la ópera italiana y abona con sus fértiles limos la continuidad sonora que envuelve el nacionalismo germánico inherente al libreto donde el mito del hijo de Parsifal es, sobre todo, exaltación de la identidad alemana y sed de un líder redentor, frente a una sociedad que exige dogmas y anhelo de lo inalcanzable en un escenario de violencia visual que obliga al espectador a cuestionar la pureza del héroe y los peligros del mesianismo nacionalista. El visionario Damiano Michiletto vuelve a deslumbrar al mundo con esta reinterpretación de Lohengrin. El tratamiento psicológico de los personajes, al servicio de su inagotable imaginario particular, resulta soberbio. En su primer Wagner, la dramaturgia de Michieletto se desarrolla en escenas de increíble belleza visual y simbolismo, que sobrecogen y llevan a la reflexión, sea la pureza de la omnipresente plata, el misterio que alberga el interior de un huevo o la materia oscura en la que se hunde Elsa. Sir Mark Elder dirige también su primer Wagner en Les Arts, junto a la heroica y brillante voz de David Butt Philip, referente actual de Lohengrin, a quien ya descubrimos en La canción de la Tierra ...