Adriana Lecouvreur, o el teatro como campo de batalla Bajo la superficie del lujo dieciochesco late un conflicto de estatus demoledor. Adriana es una afamada actriz que desde su oficio secularmente desprestigiado osa competir por amor con la Princesa de Bouillon, invulnerable aristócrata protegida por las leyes del Ancien Régime. Este enfrentamiento convierte a Adriana Lecouvreur en algo más que una tragedia verista de amor y celos y la eleva a la crónica del choque entre un mundo antiguo que se niega a morir y la emergencia de una nueva dignidad individual basada en el oficio y el sentimiento, y no en los títulos. Y será el escenario teatral el decisivo campo de batalla donde Adriana humille públicamente a la Princesa, arrojándole a la cara unos versos sobre el adulterio. El único momento donde la jerarquía se invierte y la actriz domina a la noble en un acto de rebelión que sellará su destino trágico. Su muerte vendrá en el aroma de las violetas marchitas que le dedica la princesa, metáfora definitiva de la fragilidad del artista frente a la maquinaria del poder. El verismo elegante y pasional de Adriana Lecouvreur llega a Les Arts de la mano de ese gran creador de sueños que es el director de escena Vincent Boussard. Imposible olvidar su Giulio Cesare que nos ha hechizado a todos. En Adriana Lecouvreur, el regista francés ensambla la confusa dramaturgia de la obra con la sugestiva plasticidad de escenografía y vestuario sin desnaturalizar el contexto original del drama,...